
Dice que no hay sano sentido del humor sin cierta dosis de ternura, sensibilidad, de capacidad para el perdón y para desdramatizar y relativizar en lo posible los sinsabores cotidianos.
Relativizar las cosas nos lleva a mirar a las personas con sano realismo, sin crearnos falsas expectativas y sin condenarlas cuando no se ajustan a nuestras pautas de opinión o de conducta.

Se impone el hábito de sonreir, de relativizar las cosas, del sentido del humor para mantener y propiciar el buen humor.
Tener sentido del humor es saber reirse de lo intrascendente y hasta de sí mismo, relativizar casi todo y centrar la atención y admirarse de lo fundamental y grandioso.

Quien mantiene el humor sabe disfrutar de lo cotidiano y sencillo, de lo que la mayoria no valora, ni concede la menor importancia. Las personas con sentido del humor son más abiertas al mundo, a la vida y a todos los seres de la creación.
Tienen una capacidad de empatía universal, de sintonizar y sentirse en armonía con todas las criaturas al estilo de San Francisco de Asís.

No es buscar la risa, es reirse a pesar de todo.
"El pájaro no canta porque es feliz, es feliz porque canta"
(Bernabé Tierno)
No hay comentarios:
Publicar un comentario