
Con mi nuevo Internet prepago, a las doce se me acaba la magia y no sé cuando volveré a conectarme a ella. Trataré de aprovechar bien el tiempo y contestar mensajes sin contestar, visitar tranquilamente los blogs amigos, editar alguna nueva entrada. ¡Pero hay tantas cosas que hacer! Y este viejo ordenador mio va más lento que una tortuga y de vez en cuando tiene que pararse y echar un sueñecito. Pobrecillo, hay que dejarlo descansar.
Me siento cual Cenicienta. ¿No habrá por ahí unos tiernos ratoncitos disponibles que sepan hacerme un vestido a mi medida? Este se me queda estrecho.
O en su defecto, un hada madrina que me eche una mano?...Eh? Eh?
Ni hablar ya, de un principe azul que me devuelva mi zapatito de cristal. Pschhh!
¿Donde estarán aquellos tiempos en los que "el cliente siempre tiene razón"?¿Por qué siempre ganará "la banca"?..
Ya está!¡Ya me están llamando! Hay que preparar la comida!
Volveré más tarde...si puedo...
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